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Don Vicente Zurita y el ferrocarril más recto del mundo

por Justo L. Urbieta

En 1991 se me ocurrió visitarlo a don Vicente Zurita, ahora lamentablemente fallecido. Fue inspector en la estación del ferrocarril Belgrano.

Compartimos un grato diálogo del que surgió esta recreación de una travesía por el reconocido como “el más recto del mundo”.

Son incontables las ocasiones en que lo quisieron levantar.

Pero, indiferente a esos intentos, el ramal C 25 que vincula Formosa con Embarcación, Salta, siguió manteniéndose activo aunque en estos últimos tiempos hubo un “paráte” que se intenta resolver con el reconcesionamiento de sus prestaciones.

Pero más allá de la permanencia de esta red de trocha angosta de 703 kilómetros de longitud, una travesía ferroviaria en Formosa se parecía más al turismo de aventura que al placer de viajar con comodidad.

Comentaba don Vicente que cansinamente, la locomotora Diesel  de 1138 HP de potencia arrastraba por entonces ,dos veces por semana, un corto convoy de tres coches con capacidad para 75 pasajeros cada uno y un coche comedor ,explotado por una antigua cooperativa de empleados.

UNA LENTA TRAVESIA

Colmado en su capacidad, el tren avanzaba hacia su destino salteño atravesando un paisaje de vinalares, algarrobillos, tunales y algarrobales.

Debía pasar por 19 estaciones-16 de ellas en territorio formoseño-donde todavía los pobladores, como en los viejos tiempos, celebraban con algarabía su llegada, fuese a la hora que fuese.

Formosa-Embarcación tenía una rutina de 19 horas, aunque casi siempre el trayecto demandaba poco más de 24 horas.

Es que las vías, en ciertos tramos, no estaban en buenas condiciones y los terraplenes que las sostienen eran blandos.

Por ello la velocidad de crucero de 50 kilómetros horarios solía reducirse a 20 y en no pocas ocasiones a solamente 12.

PASAJEROS ESPECIALES

Los pasajeros ,muchos de ellos vestidos con bombachas criollas, pañuelos al cuello y sombreros de ala ancha, se distribuían en los asientos “pullman” reclinables de primera clase o en los “fijos” y más incómodos de la económica clase turística.

En el coche-comedor se podían comer minutas y sandwiches así como beber gaseosas, cervezas o vinos bien frescos.

Era el principal y más reconfortante atractivo de las tranvías que parecían interminables a causa de la implacable acción del viento norte, el sol y la tierra. Especialmente esta última, imposible de contener pues se filtraba por cualquier pequeño resquicio y lo impregnaba todo.

A mitad de camino, en Las Lomitas, los pasajeros ya se parecían a las “mascaritas” del carnaval. Tenían los rostros cubiertos de polvo que, con el sudor, se convertían en barro.

Las estaciones-ahora fantasmales-tenían como agentes poli funcionales a los Jefes de Estación.

Fueron los últimos herederos de una racionalización que se fue dando desde las épocas de Arturo Frondizi ,cuando los ferrocarriles comenzaron a contabilizar su odisea.

VIGENCIA DEL MORSE

En 1991 en diálogo con Zurita, el telégrafo Morse seguía vigente. También el “control”, un teléfono a pila seca que lograba comunicaciones casi instantáneas con Embarcación para supervisar la marcha de los convoyes.

En este caso particular Zurita ya utilizaba el tiempo pasado porque los ladones de los hilos de bronce inutilizaron ese servicio en la zona salteña.

La falta de mantenimiento convirtió al ramal C 25 en una verdadera trampa para los materiales rodantes.

Sin embargo el gobierno provincial cedió 150 hombres ,en ese entonces, que cooperaron en la reactivación de durmientes y vías.

UNA GRAN NECESIDAD

Los formoseños nunca quisieron que les quitasen su ferrocarril.

Más que por las razones afectivas, que eran valederas y lo son, había que tener en cuenta que a la ruta 81 trazada paralelamente a las vías le faltaban aún muchos kilómetros por pavimentar.

Como todos saben, el 18 de septiembre de 2007 a las 12.05 horas fue habilitada íntegramente desde esta ciudad hasta la linea Barilari.

Hay zonas donde en los periodos de lluvia el ferriocarril sigue siendo imprescindible.

Sobre todo el extremo oeste. Allí surgió petróleo en 1983 y pudo reactivarse el ferrocarril ya que se lo utilizó para transportar petroleo desde Ingeniero Juárez hasta el puerto de la ciudad de Formosa para derivar las cargas hacia las destilerías del Paraguay.

Además, la naturaleza le acaba de regalar a Formosa la buena nueva de otro pozo en El Surubí.

Queda en el recuerdo de algunos viejos pobladores, la muy activa red ferroviaria de trocha angosta que se fue quedando en el camino por la falta de mantenimiento indispensable, de reequipamiento y la ausencia de una adecuada visión empresarial para mejorarlo todo.

Los ganaderos y los productores del centro oeste y del oeste lo necesitaban para trasladar sus cargas a Salta y tambien los fabricantes de carbón vegetal.

LA NUEVA REALIDAD

Sin embargo, la nueva realidad geopolítica y económica continental hizo que los empresarios volviesen sus ojos hacia el ferrocarril Belgrano.

Sobre todo porque es la época del transporte multimodal que combina sistemas para tornar más ágil y menos oneroso el movimiento mercantil.

Se ha convertido junto a la ruta 81 en el corredor bioceánico natural del norte argentino e integra las regiones NEA y NOA y a través de ellas, combinando con otras rutas, permite dar salida franca a las cargas zonales por los puertos brasileños hacia el Atlántico y por los chilenos, hacia el Pacifico y por ellos al mundo..

Ese es el fundamento que recrea otra vez la esperanza de los viejos ferroviarios de que ese transporte por excelencia siga rodando por estas alejadas comarcas.

Pese a los que quisieron condenarlo a muerte en diversas ocasiones, el ramal más recto del mundo sigue en pie y por iniciativa de gobernantes visionarios y de empresarios criteriosos, se le ha extendido un nuevo certificado  de supervivencia.